La recuperación de la crisis económica del año 2008 en España comenzó a reflejarse en el crecimiento continuado del PIB a finales del año 2013. Entre finales del año 2013 y finales del 2017, éste creció un 12,7% en términos acumulados según los datos recogidos por el Banco de España (2019), y no fue hasta mediados del año 2016 cuando superó el nivel precrisis. Dicha recuperación se debió a un mayor equilibrio de la demanda externa e interna, materializándose en ajustes macrofinancieros como las mejoras en la competitividad exterior y en la situación económica de las familias, empresas e instituciones financieras. Además, fue positiva la depreciación del euro y la caída de los precios del petróleo, así como políticas fiscales y monetarias expansivas.
En cuanto al comportamiento del gasto de los hogares en bienes y servicios, reducido durante la recesión, contribuyó favorablemente a la recuperación de la economía española. También contribuyó a esta recuperación, por su efecto en el aumento del gasto, el descenso progresivo de la tasa de ahorro desde el año 2009 alcanzando un nivel inferior a su promedio histórico en el año 2016. En cuanto al gasto en bienes de consumo, fueron los bienes duraderos los más afectados por la crisis (González y Urtasun, 2015). Las decisiones en el gasto de las familias dependen fundamentalmente de su situación laboral y de su riqueza neta. En concreto, mientras el grado de incertidumbre creado durante la crisis y sus condiciones financieras endurecidas condiciona el menor gasto, el empleo en un entorno de baja inflación y de unas condiciones favorables financieras lo aumenta (Martínez y Urtasun, 2017).
Por otro lado, el gasto en el consumo de los hogares en bienes y servicios puede ser muy desigual en función de sus ingresos tras la crisis económica (Esteve-Llorens, Moreira, Feijoo, y González-García, 2021). Además, el aumento del gasto en el consumo provoca un impacto ambiental debido al incremento de la producción, siendo necesario modificar los patrones de consumo y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a partir de nuevos procesos de producción y de una mayor innovación en la tecnología para mitigar el calentamiento global.
La expansión continuada de la actividad durante los años posteriores a la crisis se tradujo en la creación de nuevos puestos de trabajo, lo que significó una disminución importante de la tasa de desempleo. En concreto, de un 26,9% en el año 2013 se redujo a un 16,5% a finales del año 2017, según el Banco de España (2019). Sin embargo, esta mejoría no fue alcanzada por igual para todos los colectivos, ya que del total de desempleados la tasa del colectivo de los desempleados de larga duración se situaba en un 50,4% a finales del año 2017. De este porcentaje, el 56,3% se corresponde con los desempleados de menor nivel de formación y un 70% con el de los mayores de 55 años.
Por lo tanto, las condiciones del mercado laboral durante la recesión han sido desfavorables, especialmente para los jóvenes. Según los datos de la Encuesta de Estructura Salarial, los trabajadores entre 20 y 24 años obtuvieron una disminución de sus ganancias de un 15%, y de un 9% para aquellos de entre 25 y 29 años, entre los años 2008 y 2016. La tasa de paro entre trabajadores de 16 y 29 años alcanzó el máximo del 42,4% en el año 2013, una incidencia de paro de larga duración del 52,1% en el 2014 y un ratio de temporalidad del 57,4% en el 2017. Su situación laboral fue mejor en el año 2018, con una tasa de paro del 29,3%, una incidencia del paro de larga duración del 35,8% y un ratio de temporalidad del 56,3% (Alves y Urtasun, 2019).
El crecimiento moderado de los salarios durante la recuperación de la crisis, que se produce tanto en España como en el conjunto de países de la Unión Económica y Monetaria (UEM), se debe a varios factores, como lo indica el análisis cuantitativo realizado por
Cuadrado y Tagliati (2018). Se emplea para ello la estimación de distintos modelos de la curva de Philips, y se observa que el crecimiento de los salarios está influido por la tasa de paro, la productividad y las expectativas de inflación. La tasa de paro fue el principal factor del crecimiento salarial durante la crisis (entre 2008 y 2012), a partir del año 2014 siguió afectando sobre los salarios, aunque de forma decreciente. Por otro lado, el elevado impacto del desempleo fue compensado por la productividad que fue positiva y creciente en su contribución sobre los salarios. En cuanto a las expectativas inflacionistas, fueron bajas en los últimos trimestres posteriores a la recuperación, apreciándose una mayor contribución sobre los salarios. Por último, la moderación salarial en la fase de recuperación se debe fundamentalmente a las bajas expectativas de inflación y al elevado grado de holgura del mercado laboral en España. (Cuadrado y Tagliati, 2018)
También se quiere destacar que la política monetaria aplicada y el ajuste del sector residencial que se experimentó como consecuencia de la crisis provocó una relajación en las condiciones financieras y situaciones patrimoniales de los hogares. En definitiva, mientras una disminución de los tipos de interés supuso un impacto positivo en los costes de financiación para las familias y en sus decisiones de consumo, el aumento del precio de la vivienda de un 6,2% (con respecto a su caída del 44,3% en términos reales desde mediados de 2007) mejoró su situación patrimonial.
Según Alves y Urtasun (2019), las reformas en fiscalidad durante los últimos años sobre la supresión de la deducción por inversión en vivienda habitual, así como el incremento de los impuestos sobre la propiedad y la compra (como el de transmisiones patrimoniales en algunas CCAA y el IVA), aumentaron su peso sobre el PIB en España, provocando también un efecto negativo en la adquisición de viviendas en propiedad frente al alquiler. No obstante, existen ventajas para la adquisición de vivienda, como muestra la Encuesta sobre Préstamos Bancarios (EPB) sobre mejoras de las condiciones generales de financiación en los préstamos hipotecarios, provocando una disminución de los tipos de interés del 3,1% a principios del 2014 al 2,1% a principios del 2019.
Sin embargo, dicho escenario deja reflejado un incremento importante de la demanda en el mercado del alquiler residencial en España situándose por encima de los 3 millones en el año 2018 frente a los 2,4 millones en el 2008. Se intensificará a partir de 2013 debido también al desempleo experimentado en los últimos años, la limitada duración de los contratos laborales, y los necesarios cambios de contrato a jornada reducida. Los más afectados son los colectivos con menor renta, que primordialmente pertenecen a los hogares más jóvenes. Por el contrario, la rentabilidad de dicha oferta residencial crece a partir del año 2014, surgiendo nuevos agentes profesionales en dicho mercado (López y Matea, 2019).
Según la Encuesta de Población Activa (EPA) elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, en cuanto al número de hogares, se produjo un incremento del 4,6% entre los años 2008 y 2011, reduciéndose un 2% y un 0,9% en los periodos 2011-2014 y 2014-2017, respectivamente. Esta ralentización en el incremento del número de hogares se produce debido al descenso de divorcios y separaciones, así como a la mayor proporción de jóvenes entre 25 y 34 años que viven con sus padres. Por otro lado, y en cuanto a la composición de los hogares, se produjo un crecimiento especialmente en los hogares unipersonales perteneciendo dicho grupo al 25,5% del total de hogares de la población, equivalente a 4,7 millones en el año 2017, según datos de la EPA. Es relevante destacar la representación del 44,7% en los hogares unipersonales formados por personas mayores de 65 años, frente al 10,5% en los hogares más jóvenes, que continuaron perdiendo peso.
A pesar de los primeros pasos de la recuperación de la última crisis económica española, la renta de determinados colectivos como la de los jóvenes se mantiene por debajo del nivel precrisis, siendo este grupo el más perjudicado. Según los datos recogidos por el Banco de España (2019), durante el año 2016 la renta de los hogares con un cabeza de familia de edad inferior a 35 años era un 18% más baja que las familias de esa edad en el 2010. Sin embargo, la situación empeora si nos referimos a la riqueza neta después de las deudas, ya que mientras en el año 2011 eran de 71.600 €, en el año 2017 ascendía a 5.300 €.
En definitiva, el conocimiento de los impactos potenciales provocados por la crisis económica puede servir de orientación para adoptar diferentes políticas económicas que afectan a los distintos tipos de hogares. A través de numerosos estudios realizados para dicho propósito es posible plantear y actuar de forma más efectiva sobre los colectivos afectados, con el objetivo no sólo de aumentar las cifras en el número de empleados, si no de analizar y reflexionar sobre cómo afectan dichas políticas a los distintos hogares, ya sea por edad o por otro factor que se considere relevante.
El objetivo principal de esta investigación es analizar el efecto de los cambios, tanto en el consumo de los hogares como en el mercado laboral, sobre los sectores productivos de la economía española en un escenario de crisis económica. Además, la revisión de la literatura nos indica que debemos enfocar dicho estudio teniendo en cuenta la edad del sustentador principal del hogar, ya que existen diferencias significativas en cuanto al consumo y situación laboral entre el periodo anterior y posterior a la crisis en función de la edad considerada.
Los primeros dos trabajos presentados en esta tesis abordan el impacto de la crisis sobre el consumo de los hogares diferenciándolos por edad del sustentador principal. Concretamente, el objetivo del primer trabajo consiste en conocer el impacto económico de la crisis económica del año 2008 sobre los sectores productivos provocado por las diferencias en el consumo de los hogares antes y después de la crisis, diferenciados por tramos de edad. Por otro lado, el objetivo del segundo trabajo es conocer el impacto que la actividad económica de los sectores productivos (medida a través del consumo de los hogares) tiene en las emisiones de Gases de efecto Invernadero (GEI), antes y después de una crisis económica.
Por último, el tercer trabajo se centra en la desigual situación laboral de los españoles, es decir, en la pérdida de empleo del grupo de edad más perjudicado, los jóvenes. Su objetivo consiste en conocer los efectos en la producción y en el empleo de los sectores productivos que ha provocado la caída del empleo de la población jóvenes.
En el siguiente apartado dentro de la introducción, se mencionan los organismos oficiales que recogen la literatura sobre el tema, siendo conscientes de la ausencia de estudios realizados a través de la metodología utilizada en este trabajo. A continuación, se resume la metodología y la localización de los datos, que se describirán de forma más específica en cada capítulo. Y en el último apartado, se sintetizan los principales resultados obtenidos. Una vez presentada la introducción, se desarrollan los tres capítulos que contienen los tres trabajos que forman esta tesis y, por último, se mostrarán las conclusiones obtenidas de estos análisis, planteando diferentes líneas de investigación a partir del trabajo realizado.
En cuanto a los organismos oficiales, el Banco de España ha publicado numerosos artículos sobre el impacto de la crisis financiera en las rentas de los españoles. La razón principal se debe a la gran cantidad de datos económicos de los que dispone, ya que tiene la obligación de recopilar datos estadísticos relacionados con la economía para cumplir con una de sus funciones, que consiste en la elaboración y publicación de estadísticas para posteriormente presentarlas al Banco Central Europeo. Es relevante destacar que muchas de estas publicaciones cuentan con la colaboración del Instituto Nacional de Estadística (INE).
A nivel europeo, se encuentra la oficina de estadística de la Unión Europea denominada EUROSTAT. Este organismo se encarga de elaborar y proveer datos estadísticos de sus países miembros, y trabaja con el Sistema Estadístico Europeo (SEE) integrado por el mismo EUROSTAT, las oficinas estadísticas nacionales de cada país (INE en España), y otros organismos europeos que elaboran estadísticas. El SEE garantiza que todos los criterios estadísticos sean comunes y fiables, con el objetivo de que sean comparables entre los diferentes países de la UE. Por tanto, las funciones de EUROSTAT son, en primer lugar, proporcionar información estadística a la Comisión Europea, construir el sistema común a todos los países miembros, facilitar el acceso de la información estadística, y la cooperación con los organismos nacionales e internacionales.
En definitiva, se deducen dos objetivos claros fundamentales de EUROSTAT: El primero de ellos, la elaboración de datos económicos que sirven de apoyo en las decisiones de las políticas monetarias del Banco de España; y el segundo, la elaboración de datos regionales que guían a las políticas estructurales de la Unión Europea. Esta es la razón por la que numerosos artículos e informes estadísticos se publican a través de dicho organismo.
Por otro lado, la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) se encarga de proporcionar información independiente sobre el medio ambiente y sirve para la aplicación y evaluación de las políticas medioambientales. Sus funciones consisten en ayudar a la UE y sus países miembros en la decisión de políticas para alcanzar una mayor sostenibilidad, y en el desarrollo y coordinación entre los organismos nacionales vinculados con el medio ambiente.
A nivel internacional, también existen trabajos que son publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), cuyo objetivo, junto con la colaboración de los países miembros, consiste en la promoción de políticas que favorezcan el bienestar, la igualdad y las oportunidades de los ciudadanos.
Por último, además de haber destacado en este apartado introductorio los artículos analíticos más recientes y significativos del Banco de España, en los capítulos de la tesis se exponen los trabajos de carácter científico, tanto nacionales como internacionales, que se consideran más relevantes y se ajustan al objetivo propuesto por cada uno de ellos, centrado en la preocupación por el efecto provocado sobre las rentas durante la crisis económica del año 2008.
Los tres estudios recogidos en los capítulos siguientes se basan en la estructura productiva de las tablas simétricas Input Output (TIO) a precios básicos de la economía española. Concretamente, se han utilizado las tablas de los años 2005 y 2015, debido a que el primero de ellos representa la economía precrisis y el segundo, al año de recuperación económica. Se utilizan las TIO disponibles para los años referentes, combinando con otros datos de otras fuentes, necesarios para obtener los objetivos perseguidos. A continuación, se detalla la metodología, los datos y los resultados obtenidos en cada uno de los capítulos.
En el primer capítulo, las bases de datos utilizadas son las TIO para los años 2005 y 2015, y los gastos totales de los hogares por tramos de edad, publicadas todas ellas por el Instituto Nacional de Estadística (INE). La novedad de este estudio consiste en la creación de una matriz de conversión, a partir de la matriz creada por los autores Cai y Vandick (2020), con el fin de conseguir una correspondencia entre los grupos de consumo de los hogares (clasificados según COICOP) y las ramas productivas (clasificadas según CPA). El método consiste en una simulación a partir del modelo de demanda de Leontief, introduciendo los valores de la demanda del año 2005 en el año 2015.
Esta demanda introducida en el periodo de recuperación económica (2015) supone una variación en la producción, que puede ser positiva o negativa, provocada por el consumo de los hogares, diferenciados por tramos de edad.
Los resultados del modelo revelan que el impacto en la producción provocado por la caída del consumo de los hogares entre 16 y 29 años tras la crisis económica ha sido negativo. La mayoría de los sectores productivos generaron pérdidas, respecto a la situación precrisis, produciéndose las mayores pérdidas en la Industria manufacturera (C), el Comercio al por mayor y al por menor; Reparación de vehículos de motor y motocicleta (G) y la Hostelería (I). Por el contrario, se produce un ligero aumento en la producción en los sectores de Educación (P) y Otros servicios (S). Los sectores productivos más afectados por el consumo del grupo de los hogares entre 30 y 44 años coinciden con los del grupo anterior, añadiendo las Actividades de los hogares como empleadores de personal doméstico; actividades de los hogares como productores de bienes y servicios para uso propio (T). Sin embargo, existe un importante aumento en la producción en las Actividades inmobiliarias (L), y de menor proporción en Otros servicios (S) y en el Suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado (D).
En los tramos de edad de los hogares restantes, la modelización realizada ha provocado un aumento en la producción respecto a la situación precrisis. En cuanto al grupo entre los 45 y 64 años, destacan las Actividades Inmobiliarias (L), seguido del consumo en el Suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado (D), la Industria manufacturera (C) y Otros servicios (S). Únicamente se ha reducido la producción en las Actividades de los hogares como empleadores de personal doméstico; actividades de los hogares como productores de bienes y servicios para uso propio (T) y las Actividades artísticas, recreativas y de entretenimiento (R). Finalmente, los hogares mayores de 65 años fueron el grupo menos perjudicado ya que su consumo no se redujo en ninguno de los sectores, destacando un impacto positivo en las Actividades inmobiliarias (L) y en la Industria manufacturera (C). En menor proporción, pero de gran relevancia, le sigue el Suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado (D), el Comercio al por mayor y al por menor; reparación de vehículos de motor y motocicletas (G) y las Actividades financieras y de seguros (K).
En el segundo capítulo, se utilizan los datos elaborados del anterior estudio (datos desagregados del consumo), junto con los obtenidos en las cuentas de emisiones atmosféricas (disponibles en el INE), que proporcionan el total de las emisiones de gases de efecto invernadero (en miles de toneladas de CO2 equivalente) para cada rama productiva de las tablas IO de los años 2005 y 2015. Se utiliza un modelo de demanda (de Leontief) expresado en unidades físicas, en concreto, gases de efecto invernadero (GEI) medidos en toneladas de CO2 equivalente. Estos resultados cuantifican el impacto medioambiental provocado por el consumo de cada tramo de edad, y muestra una comparativa de los efectos medioambientales producidos antes y después de la crisis económica.
Los resultados muestran que los hogares entre los 16 y 29 años son el grupo que produce una mayor caída de las emisiones de GEI, con una reducción total del 66,6%. Los hogares entre 30 y 49 años son el grupo siguiente que provoca una mayor reducción de las emisiones de GEI, con un 49,6%. Le siguen los hogares con edad entre 50 y 64 años, con una caída del 39,9 % y, por último, los mayores de 65 años que representan una reducción del 13,9%. Esto demuestra que a mayor edad del sustentador principal menor es la reducción de emisiones asociadas a su consumo, y destacan por una mayor reducción de emisiones las industrias extractivas (B), la Construcción (F), la Industria manufacturera (C), el Comercio (G) y el Transporte y almacenamiento (H). Además, esta información revela que el tramo de edad más responsable en cuanto a la emisión de GEI es el tramo entre 50 y 64 años, seguido del tramo entre los 30 y los 49 años.
En el último capítulo se utilizan las tablas simétricas Input-Output (TIO) para los años 2005 y 2015, y el número de ocupados diferenciados por grupos de edad para cada rama productiva, facilitados por la Encuesta de Población Activa (EPA) del INE. Una vez identificado que el grupo de edad de los jóvenes es el más perjudicado en el mercado laboral, se ha realizado una simulación introduciendo el número de empleados jóvenes del año 2005 en la estructura productiva del año 2015. Para ello, se ha utilizado el modelo de Oferta de Ghosh (Lahr, M. y Dietzenbacher, E., 2001; Miller, R.E. and Blair, P.D., 2009). El resultado de dicha modelización produce un aumento o pérdida en la economía española provocado por esa variación en el empleo joven. La importancia de conocer el impacto que ha provocado la caída del empleo de la población joven en los sectores productivos, durante la crisis, permitirá reflexionar sobre la decisión de adoptar políticas económicas que ayuden a dichos sectores y, por otro lado, dar información a los jóvenes para lograr una mayor adaptación de los desempleados hacia las nuevas demandas del mercado.
Los resultados reflejan que las mayores caídas en la producción provocadas por la pérdida del empleo joven entre los 16 y 29 años se manifiestan en la Industria manufacturera (C) con una pérdida de 21.982 millones de euros, y en la Construcción (F) con una pérdida de 18.004,6 millones de euros. En menor cuantía, también experimentan una caída en la producción las Actividades inmobiliarias y de alquiler y servicios empresariales (LMN) con pérdidas de 5.710,1 millones de euros, el Comercio al por mayor y al por menor; reparación de vehículos de motor y motocicletas (G) con pérdidas de 4.305,3 millones, y las Actividades financieras y de seguros (K) con 3.994,6 millones de pérdidas.
Por otro lado, la pérdida del empleo de los jóvenes ha producido una caída en el empleo total en todos los sectores productivos analizados, siendo el más perjudicado la Construcción (F), con una pérdida de 126.575 puestos de trabajo. El Comercio al por mayor y al por menor; reparación de vehículos de motor y motocicletas (G) experimenta un descenso de 64.640 puestos de trabajo, seguido de la Industria manufacturera (C) con una pérdida de 54.859 trabajadores. Además, la Administración Pública y defensa; Seguridad Social obligatoria (O), las Actividades de los hogares como empleadores de personal doméstico; actividades de los hogares como productores de bienes y servicios para uso propio (T), y en las Actividades inmobiliarias y de alquiler y servicios empresariales (LMN), muestran caídas de 46.382, 44.936, y 40.966 puestos de trabajo, respectivamente.
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